El actor murió a los 82 años. Carlos Rottemberg, Raúl Lavié, Víctor Laplace, Laura Ezcurra y Arturo Puig fueron algunos de los que estuvieron presentes en la casa funeraria.
Antonio Grimau murió a los 82 años tras permanecer varios días internado. Esta tarde, familiares, amigos y colegas se acercaron a la casa funeraria Zuccotti Hermanos, ubicada en avenida Córdoba 5080, en la Ciudad de Buenos Aires, para despedirlo.
Entre las figuras que estuvieron presentes se encontraban Carlos Rottemberg, Ana María Picchio, Pablo Alarcón, Gerardo Romano, Raúl Lavié y su esposa, Víctor Laplace, Laura Ezcurra, Arturo Puig, Olga Garaventa -la viuda de Sandro- y Agustín Sullivan.
La ceremonia en el Cementerio de la Chacarita tendrá lugar mañana, miércoles 21 de octubre, a las 13 horas.
Nacido el 10 de marzo de 1944 con el nombre de Antonio Rebolini, Grimau llegó a la actuación casi por casualidad. Cuando tenía 16 años encontró un aviso clasificado en el diario Clarín en el que buscaban actores para una obra de Bertolt Brecht. Se presentó en el teatro Charles Chaplin, en el barrio porteño de Almagro, y aquella decisión terminó cambiándole la vida.
Antes de encontrar su vocación, había trabajado en distintos oficios, entre ellos en una fábrica de calzado. El teatro le abrió un mundo nuevo y se convirtió en el espacio en el que encontró un propósito. Su apellido artístico también nació de una elección personal: tomó Grimau de una canción sobre Julián Grimau, un político español fusilado durante la dictadura franquista.
“Eso me salvó la vida. Tenía 16 años y me quedé cuatro años en el Chaplin”, recordó en una entrevista con Clarín.
La popularidad llegó de la mano de la televisión. Se convirtió en uno de los rostros más reconocibles de las ficciones argentinas y protagonizó historias que marcaron distintas generaciones de espectadores.
Entre sus trabajos más recordados aparecen Dos a quererse, Trampa para un soñador y Soy gitano. También formó parte de producciones como Valientes, Herencia de amor y Herederos de una venganza.

Su recorrido artístico, sin embargo, nunca quedó limitado al papel de galán. En teatro encontró la posibilidad de explorar otros registros y dar un giro a su carrera. Una de las experiencias que consideró fundamentales fue su participación en Los invertidos, convocado por el director Alberto Ure. También cumplió uno de sus grandes anhelos profesionales cuando interpretó a Hamlet y se puso en la piel del rey Claudio en la tragedia de William Shakespeare.

