Las declaraciones estuvieron marcadas por el dolor y las críticas a la Armada por el estado operativo de la nave. Se espera que el próximo 22 sean los alegatos finales.
El Tribunal Oral Federal de Santa Cruz escuchó este jueves los testimonios de madres, esposas, hermanos e hijos de los 44 tripulantes fallecidos en el hundimiento del submarino ARA San Juan, ocurrido el 15 de noviembre de 2017.
A pocas semanas del inicio de los alegatos, previstos para la semana del 22 de junio, las declaraciones estuvieron marcadas por el dolor y los cuestionamientos al estado operativo de la nave antes de la última misión.
El juicio se encuentra en su etapa final de producción de prueba y busca determinar la responsabilidad penal de cuatro exaltos mandos de la Armada Argentina, acusados de incumplimiento de los deberes de funcionario público, omisión de deberes de oficio y estrago culposo agravado por el resultado de muerte.
Durante meses, el debate se centró en informes técnicos, pericias y reglamentos navales. Esta audiencia, sin embargo, dio lugar a las voces de los familiares, quienes relataron el impacto personal de la tragedia y expresaron dudas sobre las condiciones en que el submarino zarpó de Mar del Plata.
Susana Vizcarra, esposa del Suboficial Primero Walter Germán Real, recordó las preocupaciones que su marido le transmitía antes de la navegación. “Nunca voy a entender qué pasó, por qué salieron, por qué siguieron saliendo”, declaró. Según relató, su esposo le había dicho que “había que figurar que navegaban” y que la unidad no se encontraba en condiciones óptimas. “¿Me piden una reflexión? Reflexión tienen que hacer las personas que mandaron al submarino a navegar”, afirmó.
“Ellos no salieron a morir, salieron a trabajar”, agregó.
“Es la vida que se te rompe”
Jésica Gopar, viuda del Cabo Principal Fernando Gabriel Santilli, describió las secuelas que la pérdida dejó en las familias. “No es solo la pérdida de un familiar, es la vida que se te rompe”, expresó entre lágrimas. Reclamó una explicación definitiva sobre lo ocurrido y cuestionó el accionar de la Armada en los años posteriores al hundimiento.

Esther Rojas, madre del Cabo Principal Luis Alberto Niz, sostuvo que a su hijo “le arrebataron la vida cuando mandaron a navegar un submarino que no estaba en condiciones” y objetó algunas declaraciones de los acusados en audiencias recientes.
Uno de los testimonios más extensos fue el de Lucía Zunda Meoqui, hermana del Teniente de Fragata Adrián Zunda Meoqui, oficial de comunicaciones del submarino. Recordó la vocación de su hermano por la actividad submarina y cuestionó la tecnología utilizada durante la búsqueda, el tratamiento recibido por las familias y la falta de una explicación definitiva más de ocho años después.
“La Armada debería aceptar los errores que cometieron y aprender a pedir disculpas”, dijo. También mencionó presuntas persecuciones, intervenciones sobre teléfonos celulares y mecanismos de manipulación de la información “para que nos calláramos”. “Todas las cosas que hicieron eran para dividirnos”, sostuvo.
Al finalizar su intervención, envuelta en una bandera con los rostros de los 44 tripulantes, pidió un minuto de silencio y nombró uno por uno a cada integrante de la dotación, respondiendo tras cada nombre: “Presente”.

