El desgaste en el Congreso con un proyecto que terminó diezmado y la marcha atrás con los cambios en la actividad en los puertos tras la paralización del comercio exterior podrían haberse evitado.
Facundo Moyano fue protagonista de la noticia más popular de la semana. Quedó detenido, fue indagado y luego excarcelado, como parte de un episodio que involucró drogas y sexo. Todos los condimentos de una película policial, ideales para llevarse la atención popular. Pero la semana política fue mucho más relevante e intensa. Durante largos días, Patricia Bullrich batalló incansablemente para tratar de salvar la Ley de Tierras en el Senado y mantener con vida un proyecto extremo armado por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger. Fue imposible.
El proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que el jueves tuvo media sanción, quedó reducido a un nuevo régimen de desalojos y modificaciones en la ley de expropiaciones. Pero las ideas de Sturzenegger se cayeron a girones.
Bullrich no solo tuvo que resignar dos capítulos: la llamada ley de Tierras y la del Manejo del Fuego. El economista libertario pretendía eliminar toda restricción a la posibilidad de que extranjeros compren tierras en la Argentina.
Su afán por atraer algunas inversiones nunca le permitió medir que iba a chocar con los gobernadores, con los senadores nacionales de provincias limítrofes, con intereses locales y con el nacionalismo que despertó el Mundial de fútbol.
El momento y la desmesura jugaron contra el proyecto de Sturzenegger. No fue esa la única derrota del “coloso” en la semana. La primera tuvo que ver con el DNU inspirado por el ministro desregulador y dictado por Milei para reformar la actividad de prácticos y pilotos navales.

La intención de Sturzenegger de bajar los costos del comercio exterior —el sector más dinámico gracias a las exportaciones del campo y de petróleo— no tuvo en cuenta la complejidad del tema.
En todo el mundo existe el practicaje.
- No previó que los prácticos pararían su actividad y que eso produciría millonarias pérdidas diarias en el comercio exterior (petróleo, cereales, etcétera).
- Prefectura Naval nunca estuvo en condiciones de reemplazar a los prácticos con personal propio.
- Uruguay advirtió que, con el DNU de Milei, aumentaba el riesgo para la navegación en el Río de la Plata.
- El dictado de ese decreto para bajar los costos provocaría el efecto contrario, es decir, el aumento que ese mayor riesgo produce en fletes y seguros. En lugar de abaratar costos, terminaría por aumentarlos.
Fueron dos situaciones que podían haberse evitado. Dos disparos en el pie, que empujaron al Gobierno a negociaciones en situaciones de desventaja. Con el adicional de que haber tenido que renunciar el jueves, en el Senado, a modificar el régimen del fuego hizo que quedara vigente una ley promovida hace años por Máximo Kirchner.
La sobredosis de libertarismo terminó beneficiando al kirchnerismo. Los prospectos de los medicamentos siempre aconsejan leer las contraindicaciones.
Más sutil fue la estrategia de Milei cuando, el pasado fin de semana y el lunes, instaló la incógnita sobre quién será su candidato a vicepresidente. Está claro que en los comicios de 2023 no eligió bien a su compañera de fórmula, pues una vez más Victoria Villarruel volvió a criticar a Milei e intentar favorecer al peronismo.
En cuestión de horas, Milei dijo que tenía un candidato propio para vicepresidente en las próximas elecciones y que mantendría su nombre en reserva. Pero en pocas horas sostuvo que el candidato podría ser un extrapartidario si se avanzaba con un acuerdo político. Todavía es temprano para que el Gobierno tome esa definición.
Los datos de la macroeconomía son buenos, pero todavía no derraman en una mejor distribución de los ingresos y de la riqueza. Con los índices de hoy, las encuestas muestran que Milei sigue arriba en las preferencias, pero no le alcanza para ganar. ¿Cambiará el año próximo?
Si la economía del metro cuadrado repunta, LLA podrá ser más reticente a compartir espacios. Pero si no lo hace, deberá recurrir a una estrategia de alianzas, que Karina Milei ya empezó a analizar.
De la crisis con Brasil a la visita del Papa
Brasil es otra cuestión, más delicada. Milei volvió a tratar a Lula de “chorro” y “ladrón” y Brasilia retiró a su embajador en la Argentina. Además, le exigió al país que también retire al embajador argentino en su capital. Probablemente Milei utilizó esos exabruptos porque le molestó que la Justicia de Brasil no le haya permitido visitar a Jair Bolsonaro en su lugar de detención, mientras que Lula sí pudo reunirse con Cristina —la “presidiaria”, recordó Bullrich—.
Tal vez fue parte de la estrategia de Milei para mostrarse como líder de la derecha en América del Sur. Y además, su ataque es funcional a su alineamiento con Donald Trump, quien tiene sus propios resquemores con Lula. Brasil demora en aprobar las credenciales del representante de los EE.UU. Como contrapartida, este país le revocó la visa a la embajadora de Brasil.
Más allá de la controversia entre Milei y Lula, que ambos alimentan, lo importante es analizar el impacto. El político: el notable deterioro de la relación bilateral. El canciller Quirno intentó superar el entuerto con un argumento: sostiene que los cruces responden a motivos ideológicos y no deberían afectar las relaciones institucionales. Mauro Vieira, canciller de Brasil, respondió que los insultos son una falta de respeto, es decir, son aspectos inescindibles. En octubre hay elecciones en Brasil y el año próximo en la Argentina. Es difícil imaginarse que la situación mejore en lo inmediato, salvo que Flavio Bolsonaro sea electo presidente.
El aspecto económico: habrá que ver cuál es su potencial para dañar el comercio bilateral. La Argentina necesita de Brasil, cuyo PBI es 3,5 veces mayor que el nuestro. En 2025 nuestras exportaciones llegaron a 12.800 millones de dólares y este año vienen en aumento. Las economías están integradas, pero es mejor sopesar los riesgos.

El dato más trascendente de todos, sin embargo, fue la confirmación del Vaticano de que el Papa León XIV visitará la Argentina en noviembre. Milei logró lo que no consiguió ningún otro presidente desde 1987. Más aún cuando el fallecido Papa Francisco, una y otra vez, esquivó las gestiones de Mauricio Macri y de Cristina Kirchner.
Milei es un presidente con un perfil espiritual marcado, que se acercó al judaísmo y que mantiene buena relación con el actual papa. El Presidente se movió hábilmente durante meses —con Sandra Petovello, Quirno y con el Episcopado argentino, que también participa en la organización de la visita— para que concrete la llegada de Prevost, confirmada el miércoles.
La política vaticana de abrazar la doctrina social y de criticar la polarización puede chocar con la visión de Milei, quien no cree en la justicia social. Esas admoniciones estarán presentes en cualquier pronunciamiento de cualquier papa. Pero la trascendencia y la magnitud de la visita y la movilización que provocará son mucho más relevantes. Y eso ocurrirá en noviembre. El Gobierno aprendió a manejar la relación bilateral de manera madura. Sabe que tendrá que soportar las críticas por la situación social, pero el costo es menor que los beneficios.
Intervenir y contener el dólar y la apuesta por la inflación mirando 2027
El BCRA, actuando por cuenta del Tesoro, volvió a intervenir en el mercado para evitar que el dólar mayorista supere los $1500. Ya lo había hecho hace diez días. Y el dólar minorista tuvo una suba marginal. El Tesoro es un actor más en el mercado, dijo Santiago Bausili cuando dio a conocer el informe de política económica.
El principal activo del gobierno es el descenso de la inflación. El REM-BCRA calculó que la inflación de julio —que el INDEC difundirá el jueves 13— será igual a la de junio (1,9%) o levemente superior (2%). Eso es lo que justifica que el BCRA y Economía hayan salido a intervenir en el mercado, vendiendo dólares y con operaciones de futuro. La suba que tuvo la moneda norteamericana entre la segunda quincena de junio y la primera de julio, sumada al impacto de las vacaciones de invierno, podría haber provocado un respingo de los precios, que, si se concreta, en la Rosada estiman momentáneo.

En la Ciudad de Buenos Aires, la inflación de julio marcó 2,9%, una aceleración contra el dato de junio (1,8% para CABA), con fuertes incrementos en los rubros ligados al receso invernal y el transporte. Alimentos, en tanto, subió por debajo del IPC general.
El Gobierno necesita evitar que esa situación se repita. El fin justifica los medios: entramos en una flotación libre pero tutelada.
Por eso, también, el ministro de Economía, Luis Caputo, calificó de “tarados” a quienes, para defender la industria, piden una devaluación. Si devaluar fuese la solución, la Argentina, país donde hubo tantas depreciaciones, debería ser un gran productor industrial. La solución es mejorar la competitividad y bajar los costos. El titular de la UIA, Martín Rapallini, dijo que esa expresión no ayuda al diálogo y la organización difundió números sobre el cierre de empresas y la caída del empleo. El objetivo de Caputo fue claro: alejar ese fantasma de la devaluación del escenario electoral en un país donde los argentinos no dejan de atesorar dólares.

