Un estudio con pacientes de hasta 21 años encontró que la mayoría llegó al diagnóstico con la enfermedad avanzada. Cuáles son las señales de alerta y por qué reconocerlas a tiempo puede ser clave.
El cáncer de intestino tiene un perfil esperado: afecta a mayores de 50 años. Por eso, cuando aparece en un adolescente, suele pasar desapercibido. Los jóvenes no sospechan. Los médicos tampoco buscan.
Investigadores del Mass General Brigham for Children y del Mass General Brigham Cancer Institute decidieron cambiar eso. Examinaron 84 casos de pacientes de 21 años o menos diagnosticados con cáncer de intestino entre 2012 y 2023. Los datos que emergieron fueron inquietantes.
“El cáncer colorrectal, lamentablemente, se está volviendo más común en adolescentes y adultos jóvenes y representa una enfermedad diferente al cáncer colorrectal diagnosticado en adultos mayores. Cuando se diagnostica, suele ser agresiva, presentándose en una fase avanzada de la enfermedad y asociada a altas tasas de recaída y mortalidad”, advierte Erica Arnold, becaria de investigación en cirugía pediátrica, Mass General Brigham (Estados Unidos).
La mayoría de los pacientes llegaba al diagnóstico con la enfermedad ya en etapa tres o cuatro. Es decir: demasiado tarde para intervenciones simples.
Una explosión silenciosa
Las cifras son claras. Desde la década de 1990, las tasas de cáncer de intestino en personas de 25 a 49 años aumentaron 72%. En comparación, las tasas en mayores de 50 años subieron apenas 3%.
No es un aumento marginal. Es una transformación en el perfil de quién padece esta enfermedad.
En promedio, a los pacientes estudiados se les diagnosticaba a los 16 años. Casi la mitad de ellos murió. Más de un tercio sufrió recaída después del tratamiento.
De los 84 casos, 65 fueron cáncer de colon y 19, cáncer de recto. Apenas el 20% tenía un familiar cercano diagnosticado previamente, lo que significa que la predisposición genética no explica el aumento.
Síntomas que nadie conecta
El primer problema es que los adolescentes desconocen que pueden desarrollar esta enfermedad. El segundo es que los síntomas son confundibles con otras dolencias comunes.
Los más reportados fueron:
- Dolor en la parte baja de la espalda
- Cambios en los hábitos intestinales —defecar con más o menos frecuencia, cambios en la consistencia—
- Pérdida de peso
- Sangrado desde abajo
- Dolor abdominal
Un joven con dolor de espalda y cambios intestinales suele pensar en estrés o mala alimentación. Un médico, sin sospecha de cáncer, puede descartar fácilmente la idea.

“Los adolescentes no detectan las señales de alerta porque desconocen que podría afectarles”, reconoce Arnold. Pero añade una responsabilidad más: “Instamos a los médicos a estar atentos a los síntomas del cáncer de intestino en pacientes jóvenes”.
Los retrasos que cuestan vidas
El estudio, presentado en la Conferencia Nacional de la Academia Estadounidense de Pediatría 2026 en San Diego, documenta algo crucial: el retraso diagnóstico.
Muchos pacientes fueron derivados a especialistas meses después de los primeros síntomas. Otros fueron tratados por condiciones diferentes antes de que se considerara el cáncer. Esos meses hicieron la diferencia.
Cuando una enfermedad agresiva avanza sin detección, cada semana cuenta.
Un llamado urgente
Los investigadores subrayan que su hallazgo coincide con otros estudios que alertan sobre el aumento de cáncer de intestino en menores de 50 años. De hecho, un análisis reciente reveló que mientras los principales tipos de cáncer son cada vez menos letales en jóvenes, el cáncer de intestino es la excepción preocupante.
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En el Reino Unido, donde se diagnostican alrededor de 2.600 casos de cáncer de intestino en menores de 50 años cada año, el sistema está comenzando a revisar los protocolos de detección temprana.
La recomendación no es pánico. Es atención. Si un adolescente presenta dolor de espalda persistente, cambios intestinales o pérdida de peso sin causa aparente, la pregunta no debería ser evitada: ¿podría ser algo más grave?

