El rol clave del farmacéutico y los riesgos de vender medicamentos en lugares no especializados

    Columnista invitada (*) | Los remedios son algo que las personas no eligen sino que compran cuando tienen una necesidad. Pero aun cuando se puedan dispensar sin receta, no son inocuos.

    Recurrentemente, se vuelve a la idea de que sacar los medicamentos del canal farmacéutico y permitir que se vendan en cualquier lugar va a bajar los precios. Esto no sería así y genera confusión en la población cada vez más agobiada por la crisis económica.

    La farmacia no es y nunca fue formadora del precio de los medicamentos: eso lo establece el laboratorio y el propio Gobierno tiene herramientas de intervención directa e indirecta para promover la competencia y lograr una reducción de los precios.

    En 2024, se cambió la condición de venta de varios medicamentos que eran de venta bajo receta, haciéndolos de venta libre con el argumento de que iban a bajar de precio. Lo que ocurrió fue que por ser de venta libre perdieron la cobertura de las obras sociales, así que ahora, los pacientes (a los que se pretendía beneficiar) tienen que pagar el 100% del precio de su bolsillo.

    Desde la Confederación Farmacéutica Argentina, venimos desde siempre advirtiendo que los medicamentos no son una mercancía como puede ser un celular o un par de zapatillas. Las personas no eligen comprar medicamentos, los necesitan para vivir, para sanar. Por eso son considerados un bien social.

    No todos los medicamentos se venden bajo receta. (Foto: Adobe Stock)
    No todos los medicamentos se venden bajo receta. (Foto: Adobe Stock)

    Además, aun los de venta libre tienen moléculas con capacidad de modificar el funcionamiento del organismo, con posibles interacciones, contraindicaciones y riesgo si hay un uso inadecuado. Que se puedan dispensar sin receta no los vuelve inocuos, ni aptos para venderse en cualquier lugar y, de cualquier manera.

    En los 90, ocurrió algo parecido

    No es la primera vez que se intenta sacar a los medicamentos de la farmacia. En los años 90, vivimos una desregulación parecida que nos costó más de treinta años corregir. El DNU 70 de 2023 lo volvió a intentar y fue frenado por la Justicia que dio lugar a una cautelar. Ahora se busca el mismo objetivo por otra vía: el Congreso.

    Conviene decir con claridad qué es lo que está en juego cuando se habla de “sacar al farmacéutico del medio”: significa sacar al único profesional de la salud que puede interponerse entre la publicidad y el paciente. Es el que puede aconsejarlo con conocimiento en la adquisición de un medicamento de venta libre o derivarlo a la consulta médica. Por ejemplo, medicamentos populares como el paracetamol o el ibuprofeno, mal utilizados o sobredosificados pueden derivar en una intoxicación hepática grave o daño renal irreversible.

    Además, en la farmacia, un profesional garantiza el origen y la correcta conservación del producto. Los farmacéuticos contamos con una red de farmacovigilancia: Si un lote presenta un problema de calidad, en 24 a 48 horas sale de circulación. Nada de eso puede garantizarse en un kiosco o un supermercado.

    En el mismo sentido de “sacar al farmacéutico del medio”, el artículo 24 del anteproyecto de reforma a la Ley 17.565, permite que un mismo director técnico esté a cargo de más de una farmacia, con la sola obligación de firmar el libro recetario a diario, diluyendo en los hechos la presencia efectiva del farmacéutico que la ley actual exige.

    El riesgo sanitario para la población

    Entonces, el problema real es el riesgo sanitario para la población y el costo que termina pagando el sistema de salud.

    En distritos sin normativa propia, como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el efecto sería directo.

    Existe vasta evidencia a nivel mundial de que el mal uso de los medicamentos de venta libre causa daño, riesgo de muerte y gastos millonarios a los sistemas sanitarios.

    Finalmente, es importante dejar en claro que el anteproyecto en su articulado también plantea algunos puntos que tienen que ver con la modernización del sistema y en esos aspectos estamos de acuerdo: recetas digitales, firma electrónica, mejor acceso.

    Pero la modernización no puede ser sinónimo de descontrol ni de convertir al medicamento en una mercancía cualquiera, haciendo de lado al profesional de la salud en la custodia de la seguridad y el origen, así como en el consejo al paciente sobre su utilización correcta y la responsabilidad profesional que hay en cada dispensa.

    (*) Alejandra Gómez, farmacéutica, presidenta de COFA y de COLFARMA

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