El jefe de la Policía del Chaco, Fernando Romero, admitió esta semana que hubo “un exceso en el uso de la fuerza” durante un procedimiento en Villa Ángela, donde tres suboficiales golpearon salvajemente a un hombre llegando al punteo de patearle la cabeza.
El jefe de la Policía del Chaco, Fernando Romero, admitió esta semana que hubo “un exceso en el uso de la fuerza” durante un procedimiento en Villa Ángela, donde tres suboficiales golpearon salvajemente a un hombre.
Los agentes fueron suspendidos con retención de haberes, pero la decisión llegó solo después de que el video se viralizara en redes sociales. No hubo denuncia de la víctima; la fuerza actuó de oficio por la presión pública.
Este episodio no es un hecho aislado. Desde que el gobernador Leandro Zdero asumió en diciembre de 2023, la Policía del Chaco acumula una lista alarmante de escándalos: golpizas a personas con discapacidad, agentes borrachos que vacían cargadores contra sus propias comisarías, efectivos filmados inhalando cocaína en basurales, extorsiones a motociclistas, robos de droga secuestrada, abusos sexuales y hasta un policía que asesinó a su padre y a su expareja en un mismo día. La lista incluye también muertes en entrenamientos, suicidios y renuncias masivas en un contexto de descontento interno.
Todo esto ocurre mientras el gobernador repite su eslogan de “policía con olor a comisaría” y su ministro de Seguridad, Hugo Matkovich, se mantiene en silencio. Romero, que hace un año se quejaba de que su sueldo de más de $10 millones “no le alcanzaba”, hoy es el rostro de una fuerza que parece actuar sin rumbo ni control.
Las promesas de Zdero chocan con la realidad: su gobierno no logra poner orden en la tropa, no garantiza condiciones dignas para los efectivos y no da respuestas a los chaqueños que ven cómo la inseguridad y el abuso policial crecen día a día. Mientras tanto, los casos se acumulan, los sumarios se abren y se cierran, pero nada cambia.
La sociedad chaqueña ya no tolera más excusas. Si “el que la hace las paga”, como dice Zdero, entonces es hora de que el gobernador asuma su responsabilidad política y tome decisiones urgentes. Mientras siga mirando para otro lado, la crisis de seguridad seguirá profundizándose y los más vulnerables seguirán pagando el precio.
ESCHACO

