Un estudio europeo comparó a chicos y chicas activos e inactivos y halló el umbral de entrenamiento semanal que potencia el optimismo y los vínculos.
Entre el pupitre, el celular y las mil obligaciones de la adolescencia, hay una variable que los especialistas vienen señalando como decisiva para el ánimo: la cantidad de días que un chico o una chica se mueve por semana.
Un estudio de la Universidad Comenius de Bratislava, en Eslovaquia, comparó a jóvenes deportistas con pares sedentarios y encontró que quienes entrenan seis veces semanales son, con diferencia, los que más felicidad reportan. No hace falta ser un atleta de elite: alcanza con sostener la práctica.
El deporte, un termómetro del ánimo
La investigación, publicada en el libro colectivo Felicidad y bienestar: perspectivas biopsicosociales y antropológicas (IntechOpen, 2022), tomó como referencia el cuestionario EPOCH, una herramienta que mide cinco dimensiones del bienestar emocional: compromiso, perseverancia, optimismo, conexión social y felicidad propiamente dicha. Los autores cruzaron esos indicadores entre grupos de varones y mujeres que practicaban alguna disciplina deportiva y otros que no tenían ningún tipo de actividad física organizada.
El resultado fue contundente: en las cuatro primeras dimensiones —y también en la felicidad— los chicos y chicas activos sacaron mejor puntaje que los inactivos, sin importar demasiado el tipo de deporte que practicaran. Lo que sí hizo diferencia fue la frecuencia.
Seis días, el número que se repite
“Cualquier tipo de deporte aporta una mayor sensación de felicidad”, sostienen Janka Peráčková y Pavol Peráček, investigadores eslovacos de la Facultad de Educación Física y Deporte de la Universidad Comenius de Bratislava (Eslovaquia) y autores del estudio.

Dentro de ese universo de jóvenes activos, el subgrupo que entrenaba seis veces por semana se despegó del resto: mostró los niveles más altos de felicidad y, a la vez, los mejores resultados en compromiso, perseverancia, optimismo y conexión con los demás.
Los investigadores advierten, eso sí, que la adolescencia —definida entre los 10 y los 19 años— es una etapa especialmente sensible a estos cambios, porque coincide con transformaciones profundas en el desarrollo cerebral, la imagen corporal y los vínculos sociales.
Un problema que excede lo local
El hallazgo cobra otro peso si se lo mira junto a las cifras globales. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, más del 80% de los adolescentes en edad escolar de todo el mundo no llega al mínimo de una hora diaria de actividad física recomendado por el organismo: un 85% en el caso de las chicas y un 78% en el de los varones.
En América Latina y el Caribe, el nivel de sedentarismo juvenil supera incluso el promedio mundial.
Los propios autores del estudio esloveno remarcan que la falta de movimiento no solo afecta el cuerpo: golpea también la autoimagen y el estado de ánimo, sobre todo entre las chicas, que —según su investigación— tienden a reportar emociones negativas respecto de su apariencia con más frecuencia que los varones cuando no practican ningún deporte.
La lectura que dejan estos datos no pide proezas atléticas ni rutinas extremas. Alcanza con correr esa aguja hacia una frecuencia sostenida —ojalá diaria o casi diaria— para que el cuerpo, y sobre todo el ánimo, empiecen a notar la diferencia.

